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  • No condenes a nadie por no pensar como tú. Que cada uno goce de la plena y libre libertad de pensar por sí mismo. Que cada uno use su propio juicio, ya que cada uno debe dar cuenta de sí mismo a Dios. Aborreced todo acercamiento, en cualquier clase o grado, al espíritu de persecución; si no podéis razonar ni persuadir a un hombre de la verdad, no intentéis nunca obligarle a ella. Si el amor no le obliga a venir, déjale a Dios, juez de todos.

    John Wesley (1826). “The Works of the Rev. John Wesley: The eighteenth, nineteenth, twentieth, and twenty-first numbers of his journal, particular of his death, review of his character, &c”, p.421