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Un buen soldado es una máquina ciega, sin corazón, sin alma y asesina. No es un hombre. No es un bruto, porque los brutos sólo matan en defensa propia. Todo lo que hay de humano en él, todo lo que hay de divino en él, todo lo que constituye al hombre ha sido jurado cuando se alistó. Su mente, su conciencia, sí, su alma misma, están bajo la custodia de su oficial. Ningún hombre puede caer más bajo que un soldado; es una profundidad por debajo de la cual no podemos descender.