-
Un hombre que ha sido asiduo en adquirir los frutos del amor no dejará de amar aunque sufra mil calamidades. Dejad que Esteban, el discípulo de Cristo, y otros como él os persuadan de la verdad de esto (cf. Hch 7, 60). Nuestro Señor mismo oró por sus asesinos y pidió al Padre que los perdonara porque no sabían lo que hacían (cf. Lc 23, 34).