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Y recomiendo además a mis conciudadanos antes mencionados, que en esa ocasión se humillen reverentemente en el polvo, y desde allí ofrezcan penitentes y fervientes oraciones y súplicas al gran Dispositor de los acontecimientos para que vuelvan las inestimables bendiciones de paz, unión y armonía en toda la tierra que le ha placido asignar como morada para nosotros y para nuestra posteridad a través de todas las generaciones.