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Sólo tenía que recordar que siglos antes, los hombres cayeron en batalla por la hija de Troya, que las pasiones tenían más peso que el decoro. Hacía falta tan poco para demostrar que la vida y la propiedad humanas son devastadoramente temporales. Todo lo que tenía que hacer era acostarse por un príncipe. Quemaron la ciudad hasta los cimientos.