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La esencia de la modernidad es que el progreso ya no espera en el genio; en su lugar, hemos aprendido a poner nuestra fe en los esfuerzos organizados de los hombres ordinarios. La ciencia es tan antigua como la raza, pero la organización efectiva de la ciencia es nueva. La ciencia antigua, como la minería de aluvión, era una búsqueda de buscadores solitarios. Se encontraban pepitas de verdad, pero la riqueza total del conocimiento aumentaba lentamente. El hombre moderno comenzó a transformar este mundo cuando empezó a explotar sistemáticamente las vetas ocultas del conocimiento.