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  • ¡Qué admirable y hermosa es la sencillez de los Evangelistas! Nunca hablan injuriosamente de los enemigos de Jesucristo, ni de sus jueces, ni de sus verdugos. Relatan los hechos sin una sola reflexión. No comentan ni la mansedumbre de su Maestro cuando fue herido, ni su constancia en la hora de su ignominiosa muerte, que describen así: "Y crucificaron a Jesús.