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Ha sido la triste experiencia de muchos que mucho de lo mejor y de lo más bello se pierde para aquellos cuyo alimento mental consiste exclusivamente en el periódico sensacionalista o la novela barata, o en esa masa espumosa de material de desecho que se arroja como escoria sobre el metal fundido de la vida: novelettes, seriales y fragmentos de un tipo que ni enseña al ignorante, ni fortalece al débil, ni desarrolla al inmaduro.