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El que desea o intenta reformar el gobierno de un Estado y quiere que sea aceptado, debe al menos conservar la apariencia de las formas antiguas, para que al pueblo le parezca que no ha habido ningún cambio en las instituciones, aunque de hecho sean completamente diferentes de las antiguas. Pues la gran mayoría de la humanidad se contenta con las apariencias, como si fueran realidades.