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No quiero decir que los viejos tiempos fueran perfectos. Pero las instituciones y la estructura -el entramado- de la sociedad necesitaban reformas, no demoliciones. Haber cortado los hilos institucionales y comunitarios sin sustituirlos por otros nuevos resultó ser una forma de abuso para una generación y para la siguiente. Para muchos estadounidenses, la tragedia no fue soñar que la vida podía ser mejor; la tragedia fue que el sueño terminó.