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Como la naturaleza necesita torbellinos y ciclones para liberar su fuerza excesiva en una violenta revuelta contra su propia existencia, así el espíritu necesita de vez en cuando un ser humano demoníaco cuya fuerza excesiva se rebele contra la comunidad de pensamiento y la monotonía de la moralidad: sólo mirando a los que están más allá de sus límites llega la humanidad a conocer sus propios límites máximos.