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Los grandes pinos se alzan a considerable distancia unos de otros. Cada árbol crece solo, murmura solo, piensa solo. No se molestan entre sí. Los navajos no tienen la costumbre de dar o pedir ayuda. Su lengua no es comunicativa y nunca intentan intercambiar personalidades. Sobre sus bosques existe la misma reserva inexorable. Cada árbol tiene su exaltado poder de carga.