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  • Cuando tenía doce años se me ocurrió una extraña trinidad: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Diablo. Mi deducción fue que Dios, al contemplarse a sí mismo, creó a la segunda persona de la divinidad; pero que, para poder contemplarse a sí mismo, tuvo que contemplar, y así crear, a su opuesto.--Con esto empecé a hacer filosofía.