-
Seguramente no había ninguna figura apoyada en el respaldo de su silla; ningún rostro que mirara por encima de ella. Es seguro que ninguna pisada deslizante tocó el suelo, mientras él levantaba la cabeza, sobresaltado, y hablaba. Y, sin embargo, no había ningún espejo en la habitación sobre cuya superficie su propia forma hubiera podido proyectar su sombra por un momento; y, ¡Algo había pasado oscuramente y se había ido!