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Hubo un breve momento de ingravidez: un punto de equilibrio entre el aire y la tierra, la suciedad y el cielo. Qué extraño, pensé, qué parecido al momento entre el sueño y la caída, cuando todo es maravillosamente surrealista y nada es corpóreo. Como flotar hacia la plenitud. Pero como sucede a menudo en ese tiempo entre la existencia en el mundo y el desvanecimiento en los sueños, este momento al límite terminó con la implacable sacudida de vuelta a la consciencia.