Autores:
  • Vivimos en una cultura eclesiástica que tiene una peligrosa tendencia a desconectar la gracia de Dios de la gloria de Dios. Nuestros corazones resuenan con la idea de disfrutar de la gracia de Dios. Nos deleitamos con sermones, conferencias y libros que exaltan una gracia centrada en nosotros. Y aunque la maravilla de la gracia es digna de nuestra atención, si esa gracia se desconecta de su propósito, el triste resultado es un cristianismo egocéntrico que pasa por alto el corazón de Dios.