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Un terreno frecuentemente tomado por los teólogos cristianos es que el progreso y la civilización del mundo se deben al cristianismo; y la discusión se complica por el hecho de que muchos eminentes servidores de la humanidad han sido cristianos nominales, de una u otra de las sectas. Mi alegato será que los servicios especiales prestados al progreso humano por estos hombres excepcionales no han sido como consecuencia de su adhesión al cristianismo, sino a pesar de él, y que los puntos específicos de ventaja para la humanidad han estado en relación con su oposición directa a las disposiciones bíblicas precisas.