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Vi el programa 'Popstars' y me pareció más parecido a 'Opportunity Knocks' que al tipo de postmodernismo de vanguardia que a The Guardian le gustaría hacernos creer que era. Creo que se trata más bien de la sed de sangre del público y de la industria musical. Es como si alguien tuviera ganas de decir: "Oh, maldita sea, volvamos a la horca, que era un buen entretenimiento".