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Me gusta la iglesia, me gusta una capucha,
me gusta un profeta del alma;
Y en mi corazón pasillos monásticos
Caen como dulces acordes o sonrisas pensativas;
Sin embargo, no por toda su fe puede ver,
sería yo ese eclesiástico encapuchado.
Me gusta la iglesia, me gusta una capucha,
me gusta un profeta del alma;
Y en mi corazón pasillos monásticos
Caen como dulces acordes o sonrisas pensativas;
Sin embargo, no por toda su fe puede ver,
sería yo ese eclesiástico encapuchado.