-
El rechazo institucionalizado de las diferencias es una necesidad absoluta en una economía de beneficios que necesita a los de fuera como excedentes. Como miembros de tal economía, todos hemos sido programados para responder a las diferencias humanas entre nosotros con miedo y aversión y para manejar esa diferencia de una de estas tres maneras: ignorarla, y si eso no es posible, copiarla si pensamos que es dominante, o destruirla si pensamos que es subordinada.