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Sobre todas las cosas te ruego que conserves tu fe en Cristo. Es mi riqueza en la pobreza, mi alegría en la tristeza, mi paz en medio del tumulto. Por todo el mal que he cometido, mi perdón misericordioso; y por cada esfuerzo, mi grandísima recompensa. He comprobado que es así. Puedo sonreír con piedad ante el infiel cuya vanidad le hace soñar que yo cambiaría tal bendición por unas pocas sutilezas de la escuela de los sofistas de sangre fría.