Autores:
  • Si a veces nuestros pobres han tenido que morir de hambre, no es que Dios no se haya preocupado de ellos, sino porque tú y yo no dimos, no fuimos un instrumento de amor en las manos de Dios, para darles ese pan, para darles ese vestido; porque no lo reconocimos, cuando una vez más Cristo vino disfrazado de angustia, en el hombre hambriento, en el hombre solitario, en el niño sin hogar y en busca de cobijo.