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El hombre que es profuso en sus promesas debería hundir su crédito tanto como lo haría un comerciante al emitir un gran número de pagarés pagaderos en un día lejano. La conclusión más cierta en ambos casos es que ninguno de los dos tiene intención de pagar ni podrá hacerlo. Y así como lo más probable es que el segundo pretenda estafarte con tu dinero, el primero al menos pretende estafarte con tu agradecimiento.