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El cristianismo ha sido siempre enemigo del amor humano; ha maldecido, expulsado y crucificado para siempre la única pasión que endulza y sonríe la vida humana, que hace florecer el desierto como la rosa, y que glorifica las cosas comunes y los caminos comunes de la tierra. Hizo de esto, el ángel de la vida, una forma de pecado y oscuridad... Incluso en las uniones que permitía a regañadientes, degradaba y empequeñecía la pasión que no podía excluir del todo, y permitía que existiera groseramente por la mera necesidad de procrear.