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  • El ocio, en sí mismo creación de riqueza, se dedica incesantemente a transmutar la riqueza en belleza segregando la energía sobrante que florece en la gran arquitectura, la gran pintura y la gran literatura. Sólo en la atmósfera así engendrada flota ese polvo impalpable de ideas que es la verdadera cultura. Una colonia de hormigas o de abejas nunca creará un Partenón.