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Aplaudo la decisión del Tribunal Supremo de anular la Ley de Defensa del Matrimonio. Se trataba de una discriminación consagrada por ley. Trataba a las parejas de gays y lesbianas amorosas y comprometidas como una clase de personas separadas e inferiores. El Tribunal Supremo ha corregido ese error, y nuestro país está mejor por ello. Somos un pueblo que declaró que todos hemos sido creados iguales y que el amor que nos profesamos unos a otros también debe ser igual.