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¿Cómo salva Dios a su pueblo del placer del pecado? La respuesta es: "Impartiéndoles una naturaleza que aborrece el mal y ama la santidad". Esto ocurre cuando nacen de nuevo, de modo que la salvación real comienza con la regeneración. Por supuesto que sí; ¿dónde más podría comenzar? El hombre caído no puede percibir su desesperada necesidad de salvación, ni venir a Cristo por ella, hasta que haya sido renovado por el Espíritu Santo.