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En el reino de los fines todo tiene un precio o una dignidad. Todo lo que tiene precio puede ser sustituido por otra cosa como su equivalente; en cambio, todo lo que está por encima de todo precio y, por tanto, no admite equivalente, tiene dignidad. Pero lo que constituye la condición bajo la cual algo puede ser un fin en sí mismo no tiene un valor relativo, es decir, un precio, sino un valor intrínseco, es decir, una dignidad.