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Todo hombre es importante para sí mismo y, por lo tanto, en su propia opinión, para los demás; y, suponiendo que el mundo ya conoce sus placeres y sus penas, es quizá el primero en publicar heridas o desgracias que nunca se habían conocido a menos que las relatara él mismo, y de las que los que las oyen sólo se ríen, porque nadie se compadece de las penas de la vanidad.