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  • El dolor no se apaga como una vela o la luz de un faro. Simplemente cambia de temperatura. Se convierte en una especie de sistema meteorológico personal. La nieve se instala en el hígado. Los intestinos se llenan de humedad. El hielo se congela en el estómago. La escarcha forma telarañas en los pulmones. El corazón se llena de lluvia caliente que se convierte en niebla y se evapora a través de una arteria más fría.

    Adam Rapp (2002). “Nocturne: A Play”, p.79, Macmillan