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La aceptación de la ambigüedad implica algo más que la comprensión común de que nos ocurren cosas buenas y cosas malas. Significa que sabemos que el bien y el mal están inextricablemente entremezclados en los asuntos humanos; que contienen, y a veces abrazan, a sus opuestos; que el éxito puede implicar un fracaso de otro tipo, y que el fracaso puede ser una especie de triunfo.