-
La aversión a las opiniones y creencias ajenas no justifica las propias ni nos hace estar más seguros de ellas: y trasladar la repugnancia a la persona misma es marca de una mente vulgar.
La aversión a las opiniones y creencias ajenas no justifica las propias ni nos hace estar más seguros de ellas: y trasladar la repugnancia a la persona misma es marca de una mente vulgar.