-
En la veintena, cuando aún nos queda mucho tiempo por delante, tiempo que parece suficiente para cien indecisiones, para cien visiones y revisiones, robamos una carta y debemos decidir en ese mismo momento si nos quedamos con esa carta y descartamos la siguiente, o descartamos la primera y nos quedamos con la segunda. Y antes de que nos demos cuenta, la baraja se ha agotado y las decisiones que acabamos de tomar marcarán nuestras vidas durante décadas.