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La niña, en peligro de incendio, sólo se aferra al bombero y confía únicamente en él. No pone en duda la fuerza de sus miembros para llevarla, ni el celo de su corazón para rescatarla; pero se aferra. El calor es terrible, el humo es cegador, pero ella se aferra; y su libertador la lleva rápidamente a un lugar seguro. Con la misma confianza infantil aférrate a Jesús, que puede y te sacará del peligro de las llamas del pecado.