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El hombre valiente es inteligente; se enfrenta al peligro porque lo comprende y está preparado para afrontarlo. El borracho que corre, en el delirio de la embriaguez, hacia una casa en llamas no es valiente; sólo es estúpido. Pero el héroe lúcido que se abre paso, con todos los sentidos alerta y todos los nervios en tensión, hacia el infierno de las llamas para rescatar a algún niño pequeño, demuestra su valentía.