-
Allí estaba yo, en el establo, haciendo de comadrona de una yegua preñada. Recuerdo que estaba allí sentada, hilando hilo a la luz de una lamparita de aceite, una chica de ciudad que no sabía nada de agricultura, sentada en el deel junto a aquella madre dolorida, que ya empezaba el proceso de parto. A mi alrededor había oscuridad y un silencio perfecto, excepto por el dolor de la madre. Era como si la guerra no existiera en aquellas horas.