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  • La mayoría de los hombres no sienten en sí mismos la competencia necesaria para conducir a su grupo a la victoria, y por ello buscan un capitán que parezca poseer el valor y la sagacidad necesarios para alcanzar la supremacía. Incluso en la religión aparece este impulso. Nietzsche acusó al cristianismo de inculcar una moral esclavista, pero el triunfo final era siempre el objetivo. "Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

    Bertrand Russell (2004). “Power: A New Social Analysis”, p.29, Routledge