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El interés generalizado por los cotilleos no está inspirado por el amor al conocimiento, sino por la malicia: nadie cotillea sobre las virtudes secretas de los demás, sino sólo sobre sus vicios secretos. En consecuencia, la mayoría de los chismes son falsos, pero se tiene cuidado de no verificarlos. Los pecados del prójimo, como los consuelos de la religión, son tan agradables que no nos detenemos a escudriñar las pruebas con detenimiento.