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Las mejores virtudes pueden deformarse con la edad. La mente precisa se vuelve quisquillosa; el hombre ahorrativo, avaro; el hombre precavido, timorato; el hombre de imaginación, fantasioso. Incluso la perseverancia acaba en una especie de estupidez. Así como, por otra parte, al estar demasiado dispuesto a comprender demasiadas opiniones, maneras demasiado diversas de ver, se pierde la constancia y la mente se extravía en una volubilidad inquieta.