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La mujer que lucha contra su padre aún tiene la posibilidad de llevar una existencia instintiva, femenina, porque sólo rechaza lo que le es ajeno. Pero cuando lucha contra la madre puede, a riesgo de herir sus instintos, alcanzar una mayor conciencia, porque al repudiar a la madre repudia todo lo que hay de oscuro, instintivo, ambiguo e inconsciente en su propia naturaleza.