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  • Pero todos estaban bajo la cruz, enemigos y creyentes, escépticos y cobardes, injuriadores y devotos seguidores. Su oración, en aquella hora, y su perdón, iban dirigidos a todos ellos, y por todos sus pecados. La misericordia y el amor de Dios actúan incluso en medio de sus enemigos. Es el mismo Jesucristo, que por su gracia nos llama a seguirle, y cuya gracia salva al asesino que se burla de él en la cruz en su última hora.

    Dietrich Bonhoeffer (2015). “The Cost of Discipleship”, p.34, SCM Press