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  • Es decir menos que la verdad afirmar que un libro excelente (y la observación vale casi igual para un Rafael que para un Milton) es como un árbol frutal bien escogido y bien cuidado. Sus frutos no son de una sola temporada. Con los intervalos debidos y naturales, podemos recurrir a él año tras año, y nos proporcionará el mismo alimento y la misma gratificación, si tan sólo nosotros mismos volvemos a él con el mismo apetito saludable.

    Samuel Taylor Coleridge (1858). “The complete works of Samuel Taylor Coleridge: With an introductory essay upon his philosophical and theological opinions”, p.230