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Para poder juzgar así erróneamente, y así conceder veneración zurda a nuestros clásicos, la gente debe haber dejado de conocerlos. Esto es, en general, lo que ha ocurrido. Porque, de lo contrario, uno debería saber que sólo hay una manera de honrarlos, y es seguir buscando con el mismo espíritu y con el mismo coraje, y no cansarse de la búsqueda.