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En las Escrituras la visita de un ángel es siempre alarmante; tiene que empezar diciendo 'No temas'. El ángel victoriano parece como si fuera a decir: 'Ahí, ahí'. Los símbolos literarios son más peligrosos [que las esculturas y los cuadros] porque no se reconocen tan fácilmente como simbólicos. Los de Dante son los mejores. Ante sus ángeles nos hundimos en el asombro.