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Sin duda, una de las cosas que nos impide alcanzar la perfección es nuestra lengua. Cuando uno ha llegado al punto de no cometer más faltas al hablar, seguramente ha alcanzado la perfección, como dijo el Espíritu Santo. El peor defecto al hablar es hablar demasiado. Por eso, al hablar, sé breve y virtuoso, breve y gentil, breve y sencillo, breve y caritativo, breve y amable.