-
Los demonios nos asustan porque nosotros mismos nos preparamos para tener miedo. Estamos demasiado apegados a nuestra reputación y posesiones. Cuando amamos y deseamos lo que deberíamos rechazar, entramos en conflicto con nuestro verdadero yo. Es entonces cuando las energías negativas nos atrapan y utilizan nuestras armas contra nosotros. En lugar de tomar lo que tenemos para defendernos, ponemos nuestras espadas en manos de nuestros enemigos y hacemos que nos ataquen.