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Por necesidad selectiva, el hombre es un agente. Es, en su propia concepción, un centro de actividad impulsiva que se despliega: "actividad teleológica". Es un agente que busca en cada acto la realización de un fin concreto, objetivo e impersonal. A fuerza de ser tal agente, posee un gusto por el trabajo eficaz y un disgusto por el esfuerzo inútil.