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Siempre odié esos libros de fantasía en los que, al final, todos los niños tenían que irse a casa. Al final de un libro de Narnia, siempre te enseñaban la puerta. Lo mismo con El mago de Oz y El peaje fantasma. Te echaban de tu tierra mágica. Es como, "Por cierto, aquí está tu próxima sorpresa: ¡puedes irte a casa!" Y los niños dicen: "¡Sí, nos vamos a casa!" Nunca me lo creí. ¿Alguien se lo creyó?