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No debemos considerar el mundo como el cuerpo de Dios: él es un ser uniforme, carente de órganos, miembros o partes; y éstas son sus criaturas, subordinadas a él y sometidas a su voluntad.
No debemos considerar el mundo como el cuerpo de Dios: él es un ser uniforme, carente de órganos, miembros o partes; y éstas son sus criaturas, subordinadas a él y sometidas a su voluntad.