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  • La muerte no es algo que haya que temer, sino más bien anticipar. Por supuesto, no debemos precipitarla nosotros mismos, pues el suicidio es rendición y derrota de la peor clase. Pero si cada uno de nosotros puede tener la paciencia de esperar y morir en el tiempo de Dios, cuando Su tiempo haya llegado para nosotros, ese será el día en que estaremos más agradecidos. Llegaremos a nuestro hogar celestial y veremos que realmente valió la pena.